“Con todos estoy en regla, de todos me he despedido,
menos de mi. No ha habido nunca hombres tan
preparados a abandonar el mundo pura y plenamente
como yo [lo estoy], ni se desprendió de manera más
menos de mi. No ha habido nunca hombres tan
preparados a abandonar el mundo pura y plenamente
como yo [lo estoy], ni se desprendió de manera más
universal de lo que [yo] espero hacerlo”
Michel de Montaigne, de la experiencia y otros ensayos.
¿Por qué formar muchos proyectos en una vida tan
breve?
Horacio, Odas, II, 16, 17
Conduzco hacia la facultad, entre apresurado y resignado a llegar tarde, cuando me llega un mensaje al celular, semáforo en rojo, lo leo, es mi hermana menor, respira el momento dice. Tres palabras que me sumen -nuevamente- en el lío existencial del que aun no logro escapar tras tanto años de intentar autoconocerme; y si supiese que voy a morir en los próximos días, ¿seguiría viviendo como lo vengo haciendo?, ¿seguiría con esta absurda existencia de procastinación…?
Avanzo unos metros más, me detengo en un parque, apago el motor, acomodo el asiento, saco un cigarro no comercial de la guantera, lo enciendo, busco en mi memoria USB en la cuerda floja de Nach en colaboración con Rapsusklei, sonrío, respiro el momento.
Decido no ir a la universidad, me alejo de mi inicial destino, cada vez más, hace tanto que no manejaba sin rumbo, tengo una buena compañía, estoy conmigo, me disfruto, me escucho, me hablo, felizmente tengo el tanque de combustible lleno, puedo seguir sin rumbo, me voy alejando de la ciudad, me voy acercando a mí mismo. Quizás necesite un rumbo, algún día, aunque hasta ahora no me ha ido mal viviendo sin ese rumbo del que he oído hablar a muchos. A veces envidio tener un rumbo, pero es solo a veces. Todo está bien, respiro el momento.
Noto que hace mucho que no corro, busco a mis perros los llevo a correr, están felices, lo puedo notar, estoy extrañamente muy feliz, ellos lo notan también, ¿será síntoma de que soy maniacodepresivo?, no lo sé, me prometo evitar contar esto a mi familia, podrían preocuparse, pueden pensar que no es normal. Pero, ¿qué es normal?, no importa, respiro el momento.
Busco a la que fue mi enamorada hasta hace poco, nos amamos tanto, conducimos nuevamente sin rumbo, qué importa el destino a su lado, fue buena decisión dejar de ser enamorados, es tan inteligente que me lo propuso ella, nos amamos tanto que nuestro amor rebasaba ese concepto de pareja. La tomo de la mano, le sonrío, se me acurruca, ambos silentes totales, 100 kilómetros por hora, no hablamos de los hijos que tendremos, de la casa que habitaremos, no es necesario, nos conocemos tanto que incluso las palabras son insuficientes, vamos a un lugar solitario, hacemos el amor. Respiramos el momento.
Vuelvo a casa, prendo la radio, estación 95.9, radio Capital, 10:25 de la noche, suena el programa de Gillermo Giacosa, lo escucho sentado frente a mi escritorio, me sirvo un vaso de un Chivas 12 años que tengo guardado hace tiempo para una ocasión especial, este es una ocasión especial. Respiro el momento.
Giacosa cita a Gandhi, sólo existen dos días en el año en que no se puede hacer nada, uno se llama ayer y el otro mañana, me echo en la cama, sospecho que no moriré en los próximos días.
Columna: Perro sin cola.
Por Alfredo Chamana Rondán
Michel de Montaigne, de la experiencia y otros ensayos.
¿Por qué formar muchos proyectos en una vida tan
breve?
Horacio, Odas, II, 16, 17
Conduzco hacia la facultad, entre apresurado y resignado a llegar tarde, cuando me llega un mensaje al celular, semáforo en rojo, lo leo, es mi hermana menor, respira el momento dice. Tres palabras que me sumen -nuevamente- en el lío existencial del que aun no logro escapar tras tanto años de intentar autoconocerme; y si supiese que voy a morir en los próximos días, ¿seguiría viviendo como lo vengo haciendo?, ¿seguiría con esta absurda existencia de procastinación…?
Avanzo unos metros más, me detengo en un parque, apago el motor, acomodo el asiento, saco un cigarro no comercial de la guantera, lo enciendo, busco en mi memoria USB en la cuerda floja de Nach en colaboración con Rapsusklei, sonrío, respiro el momento.
Decido no ir a la universidad, me alejo de mi inicial destino, cada vez más, hace tanto que no manejaba sin rumbo, tengo una buena compañía, estoy conmigo, me disfruto, me escucho, me hablo, felizmente tengo el tanque de combustible lleno, puedo seguir sin rumbo, me voy alejando de la ciudad, me voy acercando a mí mismo. Quizás necesite un rumbo, algún día, aunque hasta ahora no me ha ido mal viviendo sin ese rumbo del que he oído hablar a muchos. A veces envidio tener un rumbo, pero es solo a veces. Todo está bien, respiro el momento.
Noto que hace mucho que no corro, busco a mis perros los llevo a correr, están felices, lo puedo notar, estoy extrañamente muy feliz, ellos lo notan también, ¿será síntoma de que soy maniacodepresivo?, no lo sé, me prometo evitar contar esto a mi familia, podrían preocuparse, pueden pensar que no es normal. Pero, ¿qué es normal?, no importa, respiro el momento.
Busco a la que fue mi enamorada hasta hace poco, nos amamos tanto, conducimos nuevamente sin rumbo, qué importa el destino a su lado, fue buena decisión dejar de ser enamorados, es tan inteligente que me lo propuso ella, nos amamos tanto que nuestro amor rebasaba ese concepto de pareja. La tomo de la mano, le sonrío, se me acurruca, ambos silentes totales, 100 kilómetros por hora, no hablamos de los hijos que tendremos, de la casa que habitaremos, no es necesario, nos conocemos tanto que incluso las palabras son insuficientes, vamos a un lugar solitario, hacemos el amor. Respiramos el momento.
Vuelvo a casa, prendo la radio, estación 95.9, radio Capital, 10:25 de la noche, suena el programa de Gillermo Giacosa, lo escucho sentado frente a mi escritorio, me sirvo un vaso de un Chivas 12 años que tengo guardado hace tiempo para una ocasión especial, este es una ocasión especial. Respiro el momento.
Giacosa cita a Gandhi, sólo existen dos días en el año en que no se puede hacer nada, uno se llama ayer y el otro mañana, me echo en la cama, sospecho que no moriré en los próximos días.
Columna: Perro sin cola.
Por Alfredo Chamana Rondán
"Nadie muere antes de su hora. El tiempo que dejamos (al morir) es tan poco nuestro como el que trancurrió antes de nuestro naciemiento" Montaigne
ResponderEliminar¿Cómo se da like a esta cosa?
ResponderEliminarNos puedes promocionar, vía tu cuenta de face.
ResponderEliminar