Ha pasado casi
un año desde la última vez que escribimos un articulo, así que nuestra
pluma pluma (o más bien el teclado) está un poquito oxidada.
Oxidada también lo
está nuestra salud, con una tos cada vez
mas enfermiza y también oxidado esta el
ánimo, ante un suceso que le pasara a
todo aquel que llegue a ser abogado: la
omnipresencia de papeles , copias, documentos, medios probatorios , que se
mueven, hablan , gritan, danzan frente al letrado, mientras los sonidos de las
ordenes del superior vienen y van.
Siempre hay un
mareo inicial al ver esa legendaria torre de papel desordenado, archivada en
una gaveta, de hace más de siete años…. ¡Muchos más que lo que la preparación
en la U durara¡ Miramos el titulo, vemos las fojas, los cuerpos , los nombres ,
los actuados , las constancias. ¡Vomitaría sobre todo si no fuera solo una asco
inicial¡ Basta una torre legendaria sobre un delito nimio para dejar pensando a
uno sobre su carrera , su vida, sus problemas y su porvenir. Aunque sea solo un
instante, uno se visualiza llenando papel tras papel el resto de su vida.
Pues ya hubo gente
que confió en esos papeles de pesadilla para hacerse justicia, para tratar de
recomponer un mundo ante la mirada indiferente de abogados y fiscales. Al fin la obtuvieron…., o no y lo único que queda es su recuerdo y esa
multitud de copias de copias, de floro y de floro que llamamos expedientes, que
se empolvan, crían polilla y asustan a algunos novatos del oficio.
Pensamos todavía en
un tiempo anterior, cuando papeles aun mayores y formas aun mas vomitivas
llenaban juzgados, despachos y fiscalías, cuando la descomposición y el moho
conspiraban con la corrupción y la inercia para dejar que el sistema judicial
siguiera siendo la misma vaina de siempre, un burro lento y que cobraba caro la
pasada.
Lanzo ahora una arenga:
¿Es posible que en pleno siglo XXI, cuando casi todos están en línea con su
celular, su Facebook o Whatsapp, se pueda tolerar la existencia del archivo
físico como manera única de administrar justicia? ¿Dónde está la renovación, la digitalización
tan prometida, la agilización del sistema de justicia? ¿Es necesaria tanta formalidad
de constancias y re-programaciones cuando lo que quiere uno es que le
cumplan un contrato, le permitan
divorciarse o le inscriban su herencia?
Quizás todo sea una pesadilla breve, un instante de locura en medio de la cordura, pues los poderes que
son están habituados ya al viejo sistema que vieron, comprendieron y
manipularon. Mientras que son sus sucesores que se forman en las aulas, que los
saludamos todos los días, los que permiten se continúe con este antiguo
dinosaurio al que ya quizás aman o al
menos soportan.
“Si no esta roto no
lo arregles”, dice un conocido refrán. ¿Pero pueden decir nuestros juristas que
nuestro sistema procesal está bien compuesto? ¿Que no es posible vislumbrar
algún sistema mejor?
Dicen que en el
Peru faltan ideas, pero yo diría que más que ideas falta decisión, decisión de
cambiar y mejorar un sistema que en fin sirve, en teoría, para arreglar
conflictos y traer la paz social.
Salud a todos los
lectores este nuevo mes. El año se pasa volando al tiempo que el polvo se
acumula igual que los archivos y la madeja que a estos une…..
Columna: Más allá de los sentidos
Por: Mijail Aroni
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