martes, 5 de mayo de 2015

Archivo, polvo y madeja


Ha pasado casi  un año desde la última vez que escribimos un articulo, así que nuestra pluma pluma (o más bien el teclado) está un poquito  oxidada.

Oxidada también lo está nuestra  salud, con una tos cada vez mas enfermiza  y también oxidado esta el ánimo, ante un suceso  que le pasara a todo aquel que llegue  a ser abogado: la omnipresencia de papeles , copias, documentos, medios probatorios , que se mueven, hablan , gritan, danzan frente al letrado, mientras los sonidos de las ordenes del superior vienen y van.

Siempre hay un mareo inicial al ver esa legendaria torre de papel desordenado, archivada en una gaveta, de hace más de siete años…. ¡Muchos más que lo que la preparación en la U durara¡ Miramos el titulo, vemos las fojas, los cuerpos , los nombres , los actuados , las constancias. ¡Vomitaría sobre todo si no fuera solo una asco inicial¡ Basta una torre legendaria sobre un delito nimio para dejar pensando a uno sobre su carrera , su vida, sus problemas y su porvenir. Aunque sea solo un instante, uno se visualiza llenando papel tras papel el resto de su vida.

Pues ya hubo gente que confió en esos papeles de pesadilla para hacerse justicia, para tratar de recomponer un mundo ante la mirada indiferente de abogados y fiscales.  Al fin la obtuvieron…., o no  y lo único que queda es su recuerdo y esa multitud de copias de copias, de floro y de floro que llamamos expedientes, que se empolvan, crían polilla y asustan a algunos novatos del oficio.

Pensamos todavía en un tiempo anterior, cuando papeles aun mayores y formas aun mas vomitivas llenaban juzgados, despachos y fiscalías, cuando la descomposición y el moho conspiraban con la corrupción y la inercia para dejar que el sistema judicial siguiera siendo la misma vaina de siempre, un burro lento y que cobraba caro la pasada.
Lanzo ahora una arenga: ¿Es posible que en pleno siglo XXI, cuando casi todos están en línea con su celular, su Facebook o Whatsapp, se pueda tolerar la existencia del archivo físico como manera única de administrar justicia?  ¿Dónde está la renovación, la digitalización tan prometida, la agilización del sistema de justicia? ¿Es necesaria tanta formalidad de constancias y re-programaciones cuando lo que quiere uno es que le cumplan  un contrato, le permitan divorciarse  o le inscriban su herencia?
Quizás todo sea una pesadilla breve, un instante de locura  en medio de la cordura, pues los poderes que son están habituados ya al viejo sistema que vieron, comprendieron y manipularon. Mientras que son sus sucesores que se forman en las aulas, que los saludamos todos los días, los que permiten se continúe con este antiguo dinosaurio al que ya quizás  aman o al menos soportan.
“Si no esta roto no lo arregles”, dice un conocido refrán. ¿Pero pueden decir nuestros juristas que nuestro sistema procesal está bien compuesto? ¿Que no es posible vislumbrar algún sistema mejor?
Dicen que en el Peru faltan ideas, pero yo diría que más que ideas falta decisión, decisión de cambiar y mejorar un sistema que en fin sirve, en teoría, para arreglar conflictos y traer la paz social.


Salud a todos los lectores este nuevo mes. El año se pasa volando al tiempo que el polvo se acumula igual que los archivos y la madeja que a estos une….. 

Columna: Más allá de los sentidos
Por: Mijail Aroni

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