EN DEFENSA DE LA PROTESTA
“Donde irradia un foco de luz, donde se derrumba una
preocupación o un error, donde surge algo que sublima el pensamiento y ensancha
el corazón, estemos seguros que ahí corrieron sudor y la sangre de algún
irrespetuoso y de algún rebelde”.
Manuel Gonzales Prada. Pensamiento y
librepensamiento.
Escrito por: Jaime Araujo
Cuando esto sucede, la protesta es una exigencia moral. Es una alternativa que existe desde que existe una organización política y
el derecho. Podemos decir que se remonta a la edad antigua. El precedente
clásico, el caso de Antígona: expresa que los mandatos injustos de la autoridad
carecen de fuerza de obligar. La
autoridad no puede obligar cuando la
política y la moral la deslegitima,
porque antes de toda legislación, priman las obligaciones políticas y morales.
Protestar
significa perturbar, cuestionar, reclamar por algo que legítimamente nos corresponde, y a la
vez, impugnar, rechazar lo que arbitrariamente se nos ofrece o impone desde el poder Estatal en complicidad con el 1% de personas
que viven gracias a la explotación y miseria de ese otro 99% de ciudadanos (Stiglitz, 2012: 16). Antes de que
una autoridad pueda obligar debe ser
política y moralmente legítima, es decir debe estar al servicio de los
intereses vitales de la población.
En
nuestros días, el ejercicio de la
protesta es de vital importancia para la
convivencia social democrática. En razón de que si delegamos la gestión de la
educación, salud, economía, la administración de justicia, el “uso de la
violencia en el Estado” (Weber, 1972: 839. El deber que nos compete como
ciudadanos es intervenir a través de la protesta cuando este encargo no responda
a los intereses vitales de las grandes mayorías.
Pues
de otro modo, todos los derechos históricamente conquistados casi siempre a
través de arduas luchas sociales pueden
resultar amenazados sino se fortalece, protege y efectiviza el derecho a la protesta como arma de
disuasión frente a las arbitrariedades
del poder Estatal.
Para
efectos de advertir la importancia
social de la protesta basta pensar en lo que ocurría si nadie protestase en
presencia de violaciones a los Derechos Humanos, de la impunidad, de la
corrupción, o agresiones a los Derechos
Sociales por parte de quien debe
protegerlos: el Estado.
Por
tal razón, protestar aparece así, en nuestra opinión, como el primer derecho y
el primer deber que tiene todo ciudadano en un Estado democrático de derecho, a
fin de que pueda intervenir en la gestión del bien común en común; afirmando
aquellas decisiones de gobierno que
favorezcan las condiciones de vida digna para las grandes mayorías e impugnando
aquello que lo restrinja o niegue.
En
suma, allí donde la política
entendida como la búsqueda del bien común en común desaparece,
ningún gobierno puede obligar, no debe hacerlo y si lo hace será por
nuestro consentimiento. Sólo tenemos dos
caminos, resignarnos o
rebelarnos. Y la historia nos muestra
que “el respeto y la resignación pueden haber llenado el martirologio romano y
el cielo; pero sólo el irrespeto y la rebeldía conquistaron la naturaleza y
cubrieron de flores el camino de la humanidad” (Gonzales Prada, 2004: 65).
Referencias bibliográficas.
Bunge, Mario (2009). Filosofía
política. Solidaridad, cooperación y democracia integral. Barcelona:
Gedisa.
Gonzales
Prada, Manuel (2004). Pensamiento y librepensamiento. Caracas:
Claves de América.
Stiglitz, Joseph (2012). El precio de la desigualdad. Madrid: Taurus.
Weber, Max (1972). El científico y el político. Madrid:
Alianza Editorial.

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