lunes, 11 de mayo de 2015

Inversión ¿esa fe practicamos ahora?


DAGUERROTIPO


                                                             Escrito por: Boris M. Apaza


Los últimos acontecimientos me dejan más preguntas que respuestas. No es solo si Tía María va o no va. La discusión académica genera dos planos, el contexto económico nacional y la situación particular.

Perú, como país emergente, es una República Empresarial, donde está muy de moda creer/pensar y justificar en el libertarismo. Por dos razones enfatizadas por el politólogo Dargent[1] , primero: la intervención estatal perjudica porque afecta la propiedad de quienes la ganaron con esfuerzo, en segundo lugar: si el Estado interviene, el resultado será malo.

Esta forma de razonar, tan impregnada en las élites de gobierno,  permite que el poder político  emita leyes con apellidos de empresas o defienda proyectos de inversión privada. De estos últimos se dice que crearán mucho trabajo, mantendrán un PBI alto y reducirán la desigualdad.  Imponiendo rudamente este argumento como condición necesaria para combatir  otros problemas: educación de baja calidad, salud precaria.

En medio de esa defensa surge la cuestión: ¿Hacia dónde va el Perú? ¿El progreso se logra con la inversión automáticamente? El laissez faire peruano de la última década no ha mejorado la calidad educativa, aumentó el cemento en nuestras ciudades y engordamos un poquito-muy positivo, sin duda. El Perú mantiene problemas de fondo, da cabida a la informalidad para que mucha gente- con esfuerzo – entre a la aplaudida clase media, en tanto el poder político que dirige a este Perú asegura contratos a través de e-mails entre ministros y gerentes empresariales.

La minería, siguiendo el ejemplo de Tía María, contextualizada en el catequismo inversionista del poder político quiere ser impuesta  con tozudez  bajo el argumento de la inversión. No hay otro discurso, el poder político demuestra sus limitaciones de desarrollar la agricultura (u otras actividades económicas) – para ejemplificar véase las cifras que presenta Humberto Compodónico[2]. Para quienes no saben Arequipa es la región del Perú que ocupa el primer lugar en Valor de Producción Agrícola por Hogar.

Socialmente existe una división- no polarización- mientras algunos caminan por la Plaza de Armas de Arequipa murmurando que la mina es progreso, el Valle de Tambo arde tenazmente y sus manifestantes están cumpliendo su huelga de hambre en la esquina de la plaza.  El promocionado discurso inversionista no es exclusivo de las elites gobernantes. El Nobel Vargas Llosa[3] también lo respalda, en su último artículo aborda sobre el Perú visto desde el interior y del exterior, aplaude el mayor logro del Perú:un amplio consenso nacional a favor de la democracia política y la economía de mercado”.  Sin embargo, hechos sociales como las protestas (Conga, el Aymarazo, Tía Mariazo?) son una daga a la receta de economía de mercado del FMI, así también  el sufragio, en el cual -generalmente- gana “la transformación” son síntomas de que algo no marcha bien en esta economía de mercado. No estaría muy seguro que el ciudadano de a pie concuerde con la economía de mercado. 

¿Seguiremos apoyando a la inversión con un Estado náufrago mono-discursista? 







[1] La República (09/05/2015)

[2] Publicado en La República (11/05/2015) “el agro en la cola” http://www.larepublica.pe/columnistas/cristal-de-mira/agro-en-la-cola-11-05-2015



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