sábado, 30 de mayo de 2015

¡CELEBREMOS LA DEMOCRACIA!: SEAMOS SUBVERSIVOS


En la alquimia colonial y neocolonial, el oro se transfigura en chatarra, y los alimentos se convirtieron en veneno”.
Eduardo Galeano. Las venas abiertas de América Latina.


                                                     Escrito por Jaime Araujo

Y desgraciadamente, la codicia obsesiva y sin límites de los ricos aliada a la corrupción que practican las autoridades de nuestro país, constituye una mafia para la muerte.   En nuestro país, como en otros, siempre la sangre de los pobres ha sido el fundamento del máximo derroche de unos cuantos. Una minoría de la población disfruta de las mejores viviendas, la mejor educación, los mejores médicos y el mejor nivel de vida. Pero en todo esto hay algo espeluznante que esta minoría no quiere ver:, que sus vidas de lujos y derroche (lo que ellos llaman progreso) está ligado a cómo vive la gran mayoría  de sus conciudadanos.
En todo esto, la ecuación es simple, pero al mismo tiempo horrorosa: el que tiene dinero come, estudia y si se enferma se cura y vive. El que no lo tiene sufre, es condenado a la ignorancia y muere por hambre, o por el anonimato social. Y quien muere de hambre, o es confinado a la ignorancia, en un país con tanta riqueza natural como el nuestro, es víctima de un delito.
En el devenir de nuestra historia, hemos aprendido que la riqueza mineral de nuestro país: Huancavelica, Cajamarca, Cerro de Pasco, la Oroya, entre otros.; ha sido, casi siempre la causa de su desgracia: son los lugares más pobres, contaminados e infértiles. Y con ellos, el 45% de las familias de los niños y jóvenes de nuestro país viven en situación de pobreza y el 19 % en extrema pobreza (Informe de la UNICEF 2014).
Contrariamente, el fundamento del estado republicano y democrático, es la defensa del bien público, la defensa y renovación del interés general, la protección de la nación, la soberanía territorial. Pero resulta que hoy de la república tal cual la heredamos de la revolución francesa no queda más que un espectro; porque habitamos un país donde, “es infinitamente más grave violar una regla de comercio internacional  que un derecho humano” (Ziegler, 2002: 50).
Decimos que vivimos en país democrático, pero me pregunto hasta qué punto es democrático cuando la soberanía de nuestro país se ha convertido en una especie de objeto de museo. Cuando  un pueblo que intenta defender  sus recursos naturales, como es el caso concreto de la provincia de Islay en Arequipa, se habla con desprecio, como gente prehistórica,  incivilizada, que se opone a la modernidad, al progreso (¿Progreso de quién?). Como si este acto de dignidad nacional, o en todo caso, de celebración democrática, que es la intervención ciudadana en la defensa de sus recursos naturales (Protesta social) fuese un signo despreciable de atraso de ignorancia o en el peor de los casos de terrorismo.
No es posible  hablar de un país democráticamente organizado, cuando  depende de las corporaciones y no de la voluntad del pueblo, que hoy en día  son las que dictan las reglas jurídicas, económicas, políticas y hasta morales (Iglesia Católica por ejemplo) que deben practicar nuestros conciudadanos.   Las que nos condenan a trabajar cada vez más a cambio de menos,  a aceptar resignadamente las migajas que caen de las sus  mesas y a mantenernos agradecidos por semejante desprendimiento y compasión cristiana.
¿Cómo se puede hablar de democracia en un país como el nuestro, que premia a los victimarios y castiga a las víctimas en nombre del supuesto progreso; que desprecia los intereses de nuestros pueblos porque no concuerdan con los cánones jurídicos, comerciales que las corporaciones pronuncian por boca de los legisladores y autoridades de turno?
Seamos subversivos, cambiemos el orden que produce miseria y resignación. Nuestra miseria no puede seguir siendo más el fundamento  del derroche y la opulencia de unos cuantos. Nuestra riqueza en recursos naturales no puede seguir generando nuestra  pobreza para alimentar a la prosperidad, el lujo y el derroche de una minoría.
Vistamos nuestra indignación con el lenguaje que dice la verdad y arrojémosla al mundo. Rompamos el terrible silencio de la indiferencia. Pero más terrible, hasta ser delito, el silencio culpable de aquellos que dicen no estar a favor ni en contra del Proyecto Tía María (idiotas etimológicamente hablando). De quienes pudiendo hablar, callan. De quienes sabiendo y debiendo hablar, no lo hacen (académicos, profesores, intelectuales, etc.). De quienes pudiendo rebelarse, se resignan (ciudadanos).
Finalmente,  ¡Compatriotas, conciudadanos! Este 27 y 28 de mayo tomemos las calles y las plazas. El porvenir nos adeuda muchas victorias. Si no lo hacemos será por nuestro consentimiento y el precio a pagar será siempre el mismo: el sufrimiento y la sangre del pueblo. Celebra la democracia, ¡Protesta!



Referencias bibliográficas:
Galeano, Eduardo (2010). Las venas Abiertas de América Latina. México: Siglo XXI.

Ziegler, Jean (2002). Los nuevos amos del mundo y los que les resisten. Paris: Fayard.

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