martes, 26 de mayo de 2015

Perú, pais de egoístas.




Escrito por: Diego Napán

Decir o hacer algo que no sabemos muy bien por qué dijimos o hicimos puede ser enorgullecedor embarazoso, dependiendo del contexto. Sabía que debía sentirme orgulloso luego de levantarle la voz al chofer de una unidad pública por no querer detenerse en el paradero de la avenida Brasil y dejar a una mayor de edad a dos cuadras de su destino; su excusa era que si parábamos habría más tráfico y que la señora debió haberse bajado antes. Sabía que debía sentirme orgulloso pero, raramente, los usuarios del bus le dieron la razón al chofer y desmerecieron mi posición en defensa de la señora mayor de edad.
Y es que, en cierta forma, el chofer y los apurados usuarios tenían todos, un objetivo en común que era que el bus avance rápido y la señora que quería bajarse en el paradero apropiado entorpecía esta finalidad. El respeto de la voluntad de la señora hubiera sido una decisión ineficiente que era mejor evadir. Esto nos deja una pregunta abierta ¿En verdad los intereses de las mayorías debe hacer que nos olvidemos de los derechos de las minorías? Desde ya debo decir que no: Los países más desarrollados son aquellos que más velan por sus minorías. Los buses públicos tienen espacios especiales y procedimientos únicos para usuarios discapacitados y mayores de edad. Nosotros, en Perú, estamos a muchos años de eso.
Pero el problema es aún más grave y tiene una causa genérica. Esta semana salió una noticia que denunciaba a un vecino de Chorrillos que construyó la escalera al segundo piso de su casa en la vereda pública, obstaculizándola. La noticia fue el inicio de noticias y post en televisión y en redes sociales que denunciaban a numerosas personas que habían hecho lo mismo que el vecino de Chorrillos, desde vecinos normales a instituciones privadas habían construido escaleras y cercas en las veredas apropiándoselas y “ganándole terreno” a la calle.
Esta realidad pone en evidencia algo que percibimos día a día pero no entendemos muy bien y es que el ciudadano peruano promedio es muy individualista y tiene poco respeto por la res pública. Echar basura a la calle, pintarrajear las paredes ajenas o ganarle terreno a la berma pública son actos egoístas en los que nos olvidamos por un segundo que vivimos en un espacio que es de todos y que nuestros actos perjudican a la colectividad.

Este egoísmo, este individualismo exacerbado tiene múltiples consecuencias en nuestra sociedad ulteriormente: La corrupción, el irrespeto de la ley, la poca institucionalidad del Estado, etc. Y esta es justamente la razón por la que el chofer de la unidad pública de la que hablé en el primer párrafo se burló del artículo 42 de la Ley General de Transporte y Tránsito Terrestre que obliga a los prestadores de transporte público a dejar a sus usuarios en los paraderos oportunos. Para ser más preciso, a aquel chofer ¿en verdad le interesaba dejar a sus usuarios con mayor velocidad en sus destinos? Por supuesto que no, al chofer solo le interesaba llegar más rápido a otros paraderos en hora punta, a los otros pasajeros tampoco les interesaba el chofer, ni la señora, ni nadie, solo ellos mismos, metidos en sus teléfonos, riéndose de las inexactas noticias de Tía María y de que alguien por ahí se pasó un semáforo en rojo y mató a un payaso.

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