Jaime Araujo Frias
jaraujofrias@gmail.com
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Nos mean y la prensa dice llueve…
Eduardo
Galeano
Y desgraciadamente habitamos en un país periodísticamente emputecido. En el
que, entre otros problemas, la mentira
se ha convertido en regla y la verdad en un valor sospechoso. Salvo algunas
excepciones, nada se ha prostituido más que los profesionales de la comunicación:
deben informar y desinformas, deben culturizar y embrutecen, deben comunicar la
verdad y mienten, etc.
Cabe precisar que el término
prostitución tiene una
connotación que abarca muchos aspectos. Lo propio de la prostitución es el
desprendimiento de la autonomía, la renuncia al ejercicio libre y deliberado de
las pasiones que nacen del cuerpo. La enajenación de la subjetividad: convicciones,
valores morales, ideológicos, etc., a cambio de dinero. En conclusión, los prostitutos (as) no son dueños de sí mismos, porque han sido desposeídos del uso independiente,
libre y autónomo de su subjetividad (Onfray, 2011: 103). El cual implica
dirigir su vida en mérito a sus propias decisiones y no a los quereres de nada
ni de nadie
Los medios de comunicación,
concretamente los profesionales que la componen en general, se han prostituido
porque han renunciado a su conciencia. Reproducen narrativas orales y escritas para satisfacer a sus
postores. Olvidan que el verbo está al
servicio del logos y este a favor del pueblo: su morada primigenia del cual
emana la justicia. Así lo entendió Rawls (2010: 17) cuando escribió que “la
justicia es la primera virtud de las instituciones sociales, como la verdad de
los sistemas de pensamiento”. Las palabras brotan de su boca, pero expresan la
voz del verdugo, los intereses de las corporaciones, de los amos del país. No
se detienen a preguntarse a favor de qué están realmente y qué están dispuestos
a defender por sí mismos como algo propio (Nussbaum, 2005: 51). En suma, podemos
decir que son como instrumentos en los que el mercado (capitalismo) toca su
melodía, o como las antiguas máscaras teatrales por donde habla la voz del
tirano y el público ingenuo se deleita.
Las consecuencias son
perniciosas. Los profesionales de la comunicación al mentir acerca de lo que
realmente ocurre en nuestro país, contribuyen a dar forma a nuestras
percepciones sobre los problemas de sociedad. El conciudadano incauto
(mayoritariamente) se convierte en víctima de lo que se ha dado en llamar armas
del engaño de masas (Bunge, 2007: 16). Es un sujeto sujetado por una especie de
chaleco de fuerza de mentiras que le impide ver lo que pasa en sus narices. Y
vive considerando que las cosas están
bien como están, y que en consecuencia, no hay nada por cambiar, sino todo por aplaudir.
De manera que desvelar las
mentiras que se oculta detrás de las pantallas, de los micrófonos, panfletos,
etc., es un imperativo de quienes aún defendemos el valor de la verdad y
pensamos que con un poco de atrevimiento y dedicación es posible comunicarla: el
logos debiera ser vestido con las alas del
lenguaje que dice la verdad y arrojarse al mundo a fin de posibilitar la vida y
no ser teñido de mierda por unas cuantas caricias monetarias.
Si esto no ocurre, ¿qué hacer?
No lo sé exactamente. Tal vez impedir que los absurdos, las mediocridades, las
estupideces se justifiquen en nombre de la verdad, que no es otra forma de
decir la razón, se me ocurre, ¿Cómo? Desacreditándolas, atacándolas, cuestionándolas,
haciendo de ellas algo vergonzoso. A un a riesgo de que por nuestro accionar
seamos tenidos por algunos (los dueños del Perú) como arrogantes, o incluso, como
un peligro para el progreso de nuestro país.
En última instancia, no
declinando jamás a pensar y a decir lo que pensamos. Y definimos al pensamiento
como discernimiento, a este como crítica, y a la crítica como el fundidor por
el que pasa el lenguaje y es depurado de sus inmundicias hasta quedar un resto
sustancial: verdad. O, para decirlo poéticamente, no callando jamás “hasta que
un puñado de tierra nos tape la boca…, Pero ¿es eso una respuesta?” (Heinrich
Heine, Lázaro).
Referencias
bibliográficas:
Bunge, Mario (2007). A
la caza de la realidad. La controversia sobre el realismo. Barcelona:
Gedisa.
Nussbaum, Martha (2005). El cultivo de la humanidad. Una defensa clásica de la reforma en la
educación liberal. Barcelona: Paidós.
Onfray, Michel (2011). Política del rebelde. Tratado de resistencia e insumisión. Barcelona:
Anagrama
Rawls, John (2010). Teoría
de la justicia. México D.F: Fondo de Cultura Económica.

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